
Soy la Niña Roja
y en este bosque
hice este altar.
Un corazón de rosas,
un corazón de bayas,
un corazón de ramas,
un corazón de roja seda.
Un corazón protector.
Con brillo de luna y velas,
en el bosque hice este altar.
Aquelarre de sabias mujeres
que en la sombra danzan con amor.
A la caza del Lobo vengo,
que a otras niñas tanto dañó,
pues llevo conmigo
el secreto y la misión
de acabar, con mi magia,
su oscuro reino del terror.
Pobre Lobo hambriento,
ignorante de su triste final,
pues ya queda muy poco
para que su negra testa
corone al fin mi altar.

LA NIÑA ROJA
Has elegido el linaje de la Niña Roja, la Buena Mujer Salvaje, la Sabia del Bosque, la Hechicera, la Bruja del Aquelarre, la Loba renacida. Por ella habla la voz de las abuelas, de las grandes narradoras que aconsejan y enseñan a tener cautela y defendernos del Lobo depredador.

Brujas: ciencias femeninas dentro del caldero
"Las llamaban brujas, pero simplemente eran mujeres sabias, mujeres de ciencia. Y por su saber y por su ciencia perdieron hasta la propia vida. Aunque se tiene asumido que la incorporación de las mujeres a los ámbitos científicos se establece con su acceso a los estudios universitarios, lo cierto es que la Mujer Científica tiene un notable precedente en las ancestrales magas, brujas y hechiceras. Desde tiempos muy remotos, las mujeres han sido generadoras de conocimientos, de los que fueron expropiadas y por lo que fueron perseguidas, condenadas y asesinadas. La sociedad patriarcal les arrebató los saberes que habían dominado desde los inicios de la humanidad y las excluyó de la ciencia, un reino que sería gobernado por varones, salvo excepciones. La sabiduría femenina, considerada peligrosa, amenazante y poco ortodoxa, resistió en las periferias, en los márgenes, en la clandestinidad, de manera que lo que entendemos por ciencia es el producto de una sola parte de la humanidad y bajo la óptica de un solo género. La gran mayoría de mujeres acusadas y condenadas por ejercer brujería eran, en realidad, mujeres emancipadas, independientes, que solo estaban desempeñando un oficio y cuyos conocimientos y destrezas se habían transmitido de generación en generación.

Tradicionalmente se asocia a las hechiceras con la magia baja, más práctica y finalista. Pero no es exacto. Hubo muchas mujeres dentro de la magia alta, más teórica, filosófica, teológica, que abarcaba conocimientos médicos, astrológicos, místicos, oraculares o proféticos y alquímicos. La magia baja, que se completaba con otras disciplinas como la sanación, la adivinación y otras formas de mediumnidad, tenía un fin concreto y material: curar, atraer la suerte y la abundancia, enamorar, insuflar fertilidad, "provocar" lluvias para favorecer la cosecha (cálculos meteorológicos en realidad). Obviamente hubo mujeres que usaron sus talentos para fines opuestos (enfermar, maldecir, enemistar, perjudicar, manipular). La satanización de la hechicera supuso una inversión de sus verdaderos roles. Prácticas paganas sobrevivientes, que aún convivían con el cristianismo, como los espíritus femeninos voladores y benéficos, consagradas a las diosas del bosque y la naturaleza, como Artemisa, las festividades nocturnas de fertilidad en los bosques -después identificadas con el sabbath o aquelarre-, alimentaron los prejuicios contra las buenas hechiceras y la construcción de la figura maligna de la bruja. Al mismo tiempo, una serie de profesiones consideradas exclusivamente de mujeres -parteras, curanderas, perfumistas, nodrizas, cocineras, pitonisas- fueron objeto de sospecha de practicar la brujería.

El poder sanador de la palabra: ¿brujería o chamanismo?
"Las curanderas y sanadoras ponían en práctica un saber transmitido entre mujeres; no solo recurrían a fórmulas mágicas y palabrería esotérica (por su potente poder de sugestión, la palabra resultaba terapéutica), sino que fabricaban remedios naturales, distribuían medicamentos y prescribían tratamientos para sus pacientes, basándose en su ancestral conocimiento de plantas y hierbas específicas, fluidos y sustancias obtenidos de animales, y daban asistencia médica a un sector de la población olvidado por los galenos elitistas, que se negaban a veces a atender a los enfermos de las clases más bajas. El uso mágico de la palabra tenía más bien una función psicológica, para influir en la mente del paciente y alentar así su curación. El gran doctor y alquimista del Renacimiento, Paracelso, afirmó que no había aprendido nada de los libros de medicina de los antiguos griegos, latinos o árabes, sino que lo aprendió todo de la medicina popular de las sanadoras hechiceras. En principio, estas mujeres eran respetadas por su comunidad, pero también se convirtieron en sospechosas de alguna catástrofe en la zona, de muertes sin explicación evidente, de la mala fortuna, de los cambios climáticos y, con el tiempo, en la enfermiza obsesión de la Europa protestante.

Custodias de la vida y la reproducción
"Otras víctimas de la caza de brujas fueron las parteras, doblas o comadronas, que dominaban los conocimientos sobre obstetricia y ginecología, hacían recomendaciones a las embarazadas, aconsejaban a las madres primerizas, atendían en los partos, pero también se ocupaban de asuntos relacionados con la sexualidad, pues trataban la impotencia masculina, recetaban afrodisíacos, suministraban anticonceptivos y asesoraban ante embarazos no deseados. El mero hecho de mitigar los dolores de las parturientas era considerado una afrenta, casi una herejía, por parte de la Iglesia, puesto que Dios había sentenciado que Eva y sus descendientes debían parir con dolor por el pecado original. La escuela salernitana, una de las más prestigiosas en la Edad Media, se caracterizó por la inclusión de mujeres que dominaban estos conocimientos. Médicas célebres como Abella, Mercuriade, Rebecca Guarna, Francesca Romana, Margarita de Nápoles, Constanza Calenda, Tomasa di Mateo o María Incarnata escribieron tratados de medicina, practicaron la cirugía o trabajaron para reyes y nobles. Pero de todas ellas destaca Trótula de Salerno (1090-1160) llamada también Trótula sapientissima, reconocida erudita en los campos de ginecología y la obstetricia.

Un libro infame
"Para Charles Zika, toda la dinámica judicial y de cacería contra las brujas fue y es una cuestión de género, una política de ataque contra las mujeres y una estrategia de control sobre ellas, sus cuerpos y sus mentes. Las brujas ocuparon la esfera pública, y el discurso contra su saber y oficios aparecían en los ámbitos artísticos, literarios, religiosos y políticos. Arrancar la confesión a base de torturas, paradójicamente, se convirtió en un saber adyacente. Y una manera muy "didáctica" de maltratar y asesinar a mujeres sabias fue la redacción, publicación y divulgación de los manuales para orientar a los torturadores en tan infame quehacer. Aunque el manual más conocido fue el Malleus Maleficarum (1486), o Martillo de brujas, de Kramer y Sprenger, lo cierto es que entre los siglos XII y XV aparecieron varios textos que también contribuyeron a la mala imagen de la bruja fatídica. El Policraticus de Juan de Salisbury (siglo XII), menciona las reuniones nocturnas de mujeres devotas a Diana; Bernardo Gui, en su manual Practica inquisitionis (siglos XIII-XIV), analiza la nigromancia y la hechicería; en el manual Directorium inquisitorum (siglo XIV) de Nicolau Eymeric, ya se vincula a las brujas explícitamente con el Diablo y se califica su magia como producto de pactos demoniacos; el anónimo Errores Gazariorum (siglo XV) describe los rituales que caracterizan el sabbath; y es en el libro V del Formicarius (1437-1438) de Johannes Nider donde se analiza a la secta de las malefici, es decir, a las brujas que practican la magia para hacer el mal, descritas como mujeres incultas y a salvajadas, nada que ver con la realidad. Así que la única novedad u originalidad de Kramer y de Sprenger es haber justificado una violencia extrema y enfermiza sobre el texto escrito desde su más alta misoginia y frustración moral.
Una falsa etimología maliciosa
"Fémina proviene de Fe y Minus, ya que la mujer es débil para mantener y conservar la fe."
Malleus Maleficarum.
Con esta falsa etimología, forzada y muy oportunista, Kramer y Sprenger hicieron alarde de toda su ignorancia y malicia. El vocablo latino femina se remonta al indoeuropeo *dhe-, que significa 'amamantar'. En consecuencia, femina, que derivó al castellano fembra>hembra como vocablo patrimonial y subsistió como vocablo cultista en feminismo, feminidad, femenino, etc. significa exactamente 'la que amamanta', 'la que nutre'. Y, como se puede deducir, alude a las madres.
{F} el poema donde la Bruja destruye a su torturador
En mi segundo poemario, {H}ego, Editorial Nazarí, 2020, tomé la voz de miles de mujeres anónimas acusadas de brujería para transformar su realidad. Una venganza a posteriori. Una reparación del daño. Un equilibrar la balanza. La supuesta bruja, que domina el arte de la palabra seductora, embauca al inquisidor-torturador, para asestarle el golpe definitivo -escapar, ser liberada, lo que os imaginéis. Un acto de defensa propia, de supervivencia, dadas las circunstancias explicadas más arriba. No hay justificación para la violencia irracional. Escucha el poema, ponte en la piel de la bruja y sonríe.

SÍMBOLOS BRUJERILES
EL CALDERO
"Es frecuente encontrarnos con pinturas, ilustraciones y grabados de mujeres ante un horno (como las alquimistas) y, sobre todo, alrededor de un caldero, instrumento que resume simbólicamente su saber práctico y que se convertirá en uno de los atributos por excelencia de las brujas. El caldero, cacerola o vasija de metal procede de la iconografía asociada al útero de la Diosa Madre y desde tiempos muy remotos tuvo un significado mágico (las ánforas de la fenicia Astarté, los trípodes de las sibilas, etc.). Usado en ritos de fertilidad, sacrificios animales y humanos, en invocaciones a los espíritus, en consultas oraculares, el caldero -y sucedáneos- se transformó en el recipiente predilecto de las brujas y hechiceras para la preparación de pócimas durante el aquelarre o para la preparación de alimentos en sus grandes festines,que colocaban habitualmente dentro de un círculo mágico a modo de altar. Desde la Edad Media existen imágenes de mujeres reunidas alrededor de toda clase de vasijas y calderos, compartiendo alimentos y su tiempo. Todas estas escenas de mujeres amigas reunidas delante de comida y bebida (nosotras nos caracterizamos por la hospitalidad y el hermanamiento sororario), eran motivo de suspicacia. Así, la brujería quedó asociada a la cocina, a los fogones, el horno, la chimenea, al fuego, como la vasija de Pandora, las antorchas de Hécate y sí, a la Reina de Bastos.

EL ESPÍRITU ANIMAL
"En muchas de estas ocasiones veremos a estas mujeres dentro de su cocina o laboratorio acompañadas por una mascota. Los gatos son los más frecuentes en las ilustraciones domésticas de manuscritos medievales, pero pronto fueron estigmatizados como compañeros de las brujas. Tengamos en cuenta que desde el Antiguo Egipto, los gatos se han asociado al mundo sobrenatural. Para los egipcios, el gato era sagrado, vinculado con la diosa Bastet, equivalente a Artemisa/Diana, con la luna y la noche y se les consideraba protector en muchas creencias paganas. Aunque en la Edad Media fue una de las mascotas favoritas en las casas, fue adquiriendo connotaciones negativas al ser considerado un espíritu familiar de las brujas según los inquisidores. Los espíritus familiares eran demones ayudantes que adoptaban el aspecto de algún animal -gatos, lechuzas, sapos, ratones-, participaban en los maleficios y se decía que eran alimentados por la bruja usando su propia sangre. Pronto el gato fue demonizado y durante muchos siglos perseguidos, maltratados, quemados vivos o enterrados en los campos para abonar la siembra. Cualquier mujer que realizara labores de sanación, leyera las cartas del Tarot o recetara remedios amorosos y tuviera un gato en casa, era ya directamente sospechosa de ser una bruja. Y, en consecuencia, de ser perseguida, encarcelada, interrogada, torturada... Maltratada y vejada, en definitiva.
Os presento a Dante, mi gato

El vuelo chamánico de la bruja
"La imagen clásica de la bruja voladora que hoy forma parte de leyendas, cuentos de hadas y folclore infantil, en realidad surge en la historia de miles de mujeres perseguidas y ajusticiadas. La capacidad de volar era un atributo distintivo de la bruja, según los manuales y tratados de la época, los debates teológicos, las narraciones y poemas épicos, así como las creencias y supersticiones populares. Es una de las figuras más impactantes y poderosas de la ideología misógina medieval y se remonta a las estribes grecolatinas, mujeres que, según Ovidio, se convertían en búhos o lechuzas para vampirizar a hombres y niños. En las primeras centurias de la Edad Media, aún subsistían ritos paganos de fertilidad asociados a diosas como Diana, donde las mujeres cabalgaban sobre animales, hacían ofrendas a la diosa y preparaban bálsamos con beleño, mandrágora y alucinógenos para entrar en estados alterados de consciencia. De un modo similar al chamanismo, en sus trances y alucinaciones, estas mujeres decían poder volar por el cielo nocturno, atravesar las nubes y causar lluvias y tormentas.
"La primera imagen de una bruja voladora la encontramos en un manuscrito del poema francés Le Champions des Dames (c.1451), hoy en la Bibliothèque Nationale de París. En la marginaría de una de sus páginas tenemos la ilustración de dos mujeres volando en direcciones opuestas, montadas a horcajadas, una sobre una escoba y la otra sobre un bastón, y ambas son catalogadas como herejes de la secta valdesiana. Los grabados del Buch der Tugend (1486) de Johannes Vintler, un libro sobre los vicios y las virtudes, ilustran numerosos ejemplos de las artes de las brujas, desplegando todo tipo de prácticas hechiceriles: conjuraciones, invocaciones, adivinación, hechizos amorosos, magia climatológica, vuelos nocturnos, sanaciones, extracción de vino y leche del tronco de los árboles. Incluso la capacidad de transformarse en animales mientras están en pleno vuelo mágico, como podemos ver en el tratado De lamiis (1489) de Ulrich Molitor.

-Sabias, poderosas, terribles: el conocimiento femenino como (r)evolución. Capítulo II. Uned. 2020.
Cristina Hernández González.

LA LOBA ROJA
Clarisa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos. 1992.
"La llamo la Mujer Salvaje porque estas dos palabras son las que crean el llamar o tocar a la puerta, la mágica llamada a la puerta de la profunda psique femenina.
"El arquetipo de la Mujer Salvaje es la patrona de todos los pintores, escritores, escultores, bailarines, pensadores, inventores de plegarias, buscadores, descubridores, pues todos ellos se dedican a la tarea de la invención y esta es la principal ocupación de la naturaleza instintiva. Como todo arte, reside en las entrañas, no en la cabeza. Puede percibir, camuflarse y amar profundamente. Es intuitiva, típica y respetuosa con las normas. Es absolutamente esencial para la salud de las mental y espiritual de las mujeres.
"¿Qué es la Mujer Salvaje? Desde el punto de vista de la psicología arquetípica y de las antiguas tradiciones, ella es el alma femenina. Pero es algo más: es el origen de lo femenino. Es la intuición, es la visionaria, la que sabe escuchar, es el corazón leal. Anima a los seres humanos a ser multilingües, a hablar con fluidez los idiomas de los sueños, la pasión y la poesía. Habla en susurros desde el sueño nocturno, deja en el territorio del alma de una mujer un áspero pelaje y unas huellas llenas de barro.
"Es un conjunto de ideas, sentimientos, impulsos, recuerdos. Es la fuente, es la luz, la noche, la oscuridad, el amanecer. Es la voz que nos dice: "Por aquí, por aquí."
"Es la que protesta contra las injusticias. Es la que gira como una inmensa rueda. Es la hacedora de ciclos. Es el hogar al que regresamos. Es la raíz de todas las mujeres. Es la mente que nos piensa y nosotras somos los pensamientos que ella piensa.
"Vive en el fondo del pozo, en las fuentes, en el eterno anterior al tiempo. Vive en la lágrima y en el océano, en la savia de los árboles. Pertenece al futuro y al principio del tiempo. Vive en el pasado y nosotras la llamamos. Está en el presente y se sienta a nuestra mesa. Está detrás de nosotras cuando hacemos cola y conduce por delante de nosotras en la carretera. Está en el futuro y retrocede en el tiempo para encontrarnos. Vive en donde se crea el lenguaje. Vive en la poesía, la percusión, el canto.
"Todas y cada una de nosotras somos no solo la prueba de su existencia, sino también de su condición en la comunidad. Nosotras somos la prueba de este inefable numen femenino. Nuestra existencia es paralela a la suya.
