
Nyx,
la diosa de la Noche
Los artistas de fin de siglo, especialmente, los Simbolistas, se obsesionaron con las personificaciones femeninas de los distintos momentos y horas del día, pero fueron los retratos nocturnos su especialidad. La Noche cobijaba bajo su espeso y oscuro manto el misterio o secreto del mundo femenino. La enigmática figura femenina, enmarcada en las tinieblas azulinas de la noche o ungida por el blanco plateado de la luna, encarnaba la elocuencia del secreto. Acompáñame por este viaje a la diosa Nyx a través de mi collage LA NOCHE y algunos fragmentos seleccionados de mi libro Cuerpos de agua, mujeres de luz: sirenas, diosas, artistas (Editorial Nazarí, 2021), que es fuente principal de inspiración creativa.

NYX, LA NOCHE
"En estas silenciosas nocturnidades simbolistas, lo femenino se vuelve una entidad que hipnotiza, narcotiza o conduce a la muerte. Comienzan así a aparecer representaciones de lo que Dijkstra ha categorizado como " la mujer ingrávida". Mujeres flotantes, etéreas, suspendidas en el aire y que representaban las horas del día o la luz de las distintas estaciones del año. Crepúsculos, albas y, sobre todo, noches, noches muy oscuras, empezaron a tener curvas de mujer.
"Ya en la Teogonía de Hesiodo se nos informa del tenebroso origen de la diosa Nyx, surgida del Caos abrazada a su hermano, el oscuro Érebo. Paradójicamente, de ellos brotaría la luz mediante sus vástagos, Hémera (el día) y Éter (el aire que envuelve la atmósfera terrestre). La luz que surge de las tinieblas. Pero Nyx era madre también de Moros (Destino), Hypnos (Sueño) y Thánatos (Muerte). Pertenecerán también a su estirpe la Vejez, la Discordia, el Olvido, el Hambre, la Venganza, la Fatiga y una larga lista de males terribles para la humanidad.
"El hecho de que gran parte de estos retoños fuesen fruto de la partenogénesis, esto es, sin intervención de potencias masculinas y en plena autonomía femenina, la va a condenar a la esfera simbólica del desorden, lo confuso, lo destructivo, lo ambiguo, lo maligno, con la salvedad de las doctrinas órficas, por supuesto. La asociación que los antiguos griegos establecieron entre el género femenino y lo ctónico-nocturno quedaba justificada por la descendencia de la diosa Noche, considerada la deidad más perniciosa. Tan solo por su gran poder.

"Ha de tenerse en cuenta que para la mayoría de los artistas vinculados con el Simbolismo europeo y el Esteticismo finisecular, en su obsesión por crear un mundo de belleza más allá de lo visible y lo sensible, era precisamente en la penumbra y en el anochecer cuando se producía el advenimiento de la 'visión', esto es, cuando más se desplegaba la especial capacidad sensitiva para contemplar el mundo de un modo diferente. Lo oscuro, lo nebuloso, lo difuminado, lo ambiguo serán las estrategias simbolistas por excelencia para representar una realidad solo accesible para la privilegiada mirada del artista.
"Bajo la agonizante luz del crepúsculo o ante la inminente llegada de un todavía oscurecido amanecer, aquellos mejor dotados de una percepción espiritual quedaban vinculados con las formas no visibles del mundo. Tras el velo de las apariencias, aguardaba todo un mundo numinoso, una Voluntad cósmica, un estado trascendente que, por su inefabilidad, solo tenía traducción posible a través de sugerencias y sinestesias simbolistas.
"Porque, como afirmaba Odilon Redon, el sentido y la esencia del misterio es permanecer equívoco y, por tanto, un arte trascendente debía ser igualmente ambiguo, evocador, sugerente, en sus técnicas y en sus temáticas, únicamente interpretable en el silencio.
"Y, como heraldo de los misterios y riesgos de cruzar el umbral del reino material para adentrarse en lo numinoso espectral, el género femenino parecía ser el más apto desde la mentalidad de estos artistas finiseculares.

"Los artistas franceses eran más partidarios de representar a la Noche en su peligrosa desnudez, a diferencia de los simbolistas británicos, más preocupados por el no menos peligroso embozado de la diosa. Ambigüedad, seducción, destrucción. La sexualidad y la muerte, la dulzura y el engaño, la riqueza y el castigo serán sus campos de actuación.
"A tenor de lo expuesto se comprende una pintura no menos ambigua como es la Nyx (La Nuit) (1880) de Gustavo Moreau, que, pese a mostrar al espectador un hermoso y desnudo cuerpo femenino, y contradiciendo su plácida sonrisa, contiene los elementos más oscuros vinculados a la divinidad: la oscuridad y nubosidad del cielo como signos de confusión y engaño, el séquito demoniaco con aspecto de murciélago que la acompaña, el largo manto o cola de serpiente que se enreda en sus tobillos y el falso marco dorado pintado en la acuarela, que sugiere una tremenda teatralidad. Los aparentes encantos femeninos ocultan siniestros terrores. Tras el velo de hermoso, aguarda la penumbra del subconsciente.

"Edward Robert Hughes, en Night with Her Train of Stars (1912), nos muestra una figura femenina completamente vestida, volando en la dirección opuesta en que lo hacía su Aurora (1905): es la Niche, de aspecto más maduro y aparentemente amable, pero grave y seria. Ella lleva el peso de las horas ya transcurridas y la experiencia del tiempo, como simbolizan sus gigantescas alas. Porta un niño en sus brazos y un séquito de niños alados y pajaritos -ya no murciélagos como en Moreau- la siguen en su vuelo. Posiblemente sean ruiseñores, aves caracterizadas por cantar en las horas nocturnas.
"De su regazo caen amapolas, flores que simbolizan el sueño, pero también el olvido y la muerte (la consciencia dormida). De hecho, esas figuras de aspecto infantil representan las almas de los difuntos, que deben partir del mundo de los vivos. O quizá sean nuestros sueños e ilusiones. La Noche, de aspecto maternal, se lleva un dedo a la boca, indicando silencio, para no despertar a las gentes de abajo que siguen durmiendo, o simbolizando algún secreto que solo Ella sabe.
"El título se basa en unos versos del poeta William Ernst Henley: "Night with her train of stars / and her great gift of sleep." La serie pertenece a lo que la crítica denominó las 'fantasías azules' de Hughes, serie de acuarelas y pinturas caracterizadas por armónicos azules, profundos, luminosos, oscuros y ambiguos también, que parecen sugerir un secreto o misterio que no es posible ser nombrado.

"A Edward Burne-Jones también le obsesionó la Noche, con el aspecto de María Zambaco, acorde con la obsesión dual que tuvo hacia la también artista. Entre 1870 y 1873, Burne-Jones realizó tres acuarelas que suelen titularse indistintamente Vesper, The Evening Star, Hesperus y Night. Por su expresión, la Noche (o la Estrella de la Noche) parece absorta, mirando a la lejanía. El cabello está más ordenado que en la versión anterior. En otra versión da la espalda al espectador y evita el contacto visual con él. Ella está en un nivel distinto al de los humanos.
"Por la postura de los pies parece estar a punto de comenzar una danza, tal vez ritual, girando sobre sí misma, para formar un torbellino. Quizá está buscando o acechando a algo o alguien. Los saturados tonos verdes y azules remiten al cromatismo de Venus -y diosas similares como Ishtar, Astarté, Inanna- (el azul por lo uránico, el verde por lo fecundante).
"A pesar de la pesadez de la túnica, la vemos ligera, etérea, literalmente está volando, cruzando el cielo mientras desafía a la gravedad. Predomina la verticalidad de la silueta en esta reunión de lo etéreo y lo carnal, símbolo de la compleja ambigüedad de la fuerza del deseo psico-sexual y del trance sublime de la aspiración creativa. Lo que viene siendo la expresión más elevada de una Estrella, un Deseo, un Anhelo.

Cristina Hernández González. Cuerpos de agua, mujeres de luz. Sirenas, Diosas, Artistas.
Granada: Editorial Nazarí. 2021.
Fragmentos de los capítulos "Del ocaso al amanecer" y "Auroras triunfantes, vespertinas horas", pp. 208-240.