OFELIAS

Aquí encontrarás fragmentos de mi estudioOfelia {entre las flores}, publicado por Geepp Ediciones en 2012, así como otros contenidos relacionados. En caso de que te sea útil esta información y vayas a utilizarla, sé respetuoso con mi obra y cítame en la bibliografía. Recuerda que estos contenidos están protegidos por derechos de autor. Incluso si te "inspiran", sé consecuente y cita las fuentes de tu inspiración.

El arquetipo ofeliano

Ofelia es lo otro, lo extraño. La alteridad desde la mirada masculina y que debe ser controlado. Asociada a la naturaleza, a la materia, a los ámbitos profundos y lunares, se verá dominada por el ámbito patriarcal. El arquetipo de Ofelia comienza con este principio de alteridad desde la mirada masculina en la obra de Edward de Vere/Shakespeare y será víctima de las circunstancias y de una dinámica en la que se verá atrapada. Por mujer y por loca, Ofelia es la doblemente alienada. La alteridad doble.

Sin embargo, la mente prodigiosa de Edward de Vere/Shakespeare la convierte en un espejo para los otros. A través de ella conocemos la parte miserable de los hombres. Ofelia nos revela la verdad. Porque en principio, son ellos quienes hacen un retrato de la joven. Pero en verdad lo que el lector debe advertir es el retrato que terminan por hacer los personajes de sí mismos en su interacción con Ofelia. Para su hermano Laertes, ella será siempre una figura casta y virginal; para su padre Polonio, una pieza de tablero con la que obtener beneficios políticos; para el rey Claudio, un pedazo de carnada; para Hamlet, la fragilidad femenina a la hora de amar.

En consecuencia, Ofelia no existe, no tiene identidad mientras viva sujeta a las cadenas de estos hombres. Ahora bien, siendo espejo, nosotros como lectores somos guiados por ella y asistimos a la revelación de la verdad: un hermano que es incapaz de aceptar la realidad; un padre que es lo más lejano a lo que debe ser un padre; un rey que no merece esa corona; un pretendiente que no sabe lo que es amar porque no se ama a sí mismo.

Con el padre fallecido, el hermano ausente y el rechazo de Hamlet, Ofelia enloquece al fin para poder existir. Por sí misma.

De esta manera, su posterior locura la llevará al conocerse a sí misma, a oírse y verse a sí misma y trascender la dinámica ajedrecista del resto de los personajes. Ofelia es, en realidad, la más cuerda de todos. Su locura verdadera, espontánea, su frenesí casi báquica, en trance chamánico y en comunión con el mundo de la naturaleza, se opone frontalmente a la locura fingida de Hamlet, príncipe ególatra cuya locura se origina en la venganza. Se opone a su vez a la supuesta cordura de un sistema de poder e intereses vanidosos y cruentos. Ofelia es la voz que viene a romper la estructura frágil y resquebrajada del poder masculino. Y lo hace con su propia muerte.

Y no: no es el suicidio. Es el sacrificio casi ritual para poner orden donde hay desorden. Para poner verdad donde hay mentira. Para poner amor donde hay odio. Y para poner cordura donde hay una locura que los otros viven como la realidad. Ofelia, bacante dionisíaca en las praderas, rinde culto a los orígenes de la Naturaleza, la Luna, el Cosmos e invierte los papeles. La triple otra, capaz de encontrar su verdadera identidad y dejar a los demás con la maldición de no haber querido despertar de su ilusoria vida.

TRES POEMAS OFELIANOS

de Cristina Hernández González 

La Maga Hego

"Ofelias" del Sonajero del Chamán (2012)

Una Ofelia congela su discurso en la tundra. El quietismo es ascético. La introspección sucede bajo la luz cegadora del albo y la nieve. Ofelia en su desintegración armónica.

"Ephemera" de {H}ego (2020)

Un suelo dio origen a este poema. La fluidez de una Ofelia aún no renacida. Huyendo de sí misma y regresando a sí misma. Póstumamente viva.

"Maldición" de Los Artcanos de la Maga Hego (2026)

Ofelia reaparece como la Dama del Invierno Oscuro. Perséfone del lago. Bella Dama sin Piedad. Si pronuncias tres veces seguidas este poema, se activa la maldición.

OFELIAS EN EL ARTE

La locura y la muerte de Ofelia inspiró a gran número de artistas del siglo XIX, siendo la Ofelia (1852) de Arthur Hughes la primera en exponerse en la Royal Academy de Londres. Del mismo año data la Ofelia de John Everest Millais, quizá la imagen más célebre, aunque la infiel primero es notable, pues según relata Heather Birchall, "Millais tuvo que subirse a lo alto de una escalera para observar la obra de Hugues, al que expresó una gran admiración."

Ofelia, en un marco rotundamente vegetal y acuoso, aparece flotando en el río, rodeada de flores, con la boca y los ojos entreabiertos y la mano contraída, gesto de gran patios, mientras las formas de su cuerpo y los velos del vestido se confunden con la flora del río. Posó para este emblemático cuadroElizabeth Siddal, esposa del también prerrafaelita Dante Gabriel Rosetta,ella misma artista y poeta, modelo profesional, que pasó largas horas metida en una bañera con el fin de que Millais pudiera recoger lo más fielmente posible los efectos del agua sobre el vestido y la piel.

La vegetación es profundamente simbólica: el sauce y las ortigas indican dolor, llanto, tristeza; las margaritas, inocencia y fidelidad; el lirio, que pronto se convertirá en emblema oficiando, la virginidad de la muchacha; mientras las orquídeas expresan lo opuesto, la sexualidad a punto de despertar; la amapola alude a la que Hamlet le regaló y son símbolos de sueño; y los ranúnculos representan el peligro. En definitiva, la conjunción de amor y muerte.

La forma redondeada del lienzo bien puede sugerir un umbrío y vegetal escenario teatral, pero también es probable encontrar indicios de cripta o hipogeo en plena naturaleza, por la estructura abovedada.

Ofelia de John Everett Millais

De hecho, esta posibilidad fue recogida por Felice Carena en su Ofelia de 1912, para la cual escogió un formato estrecho y alargado como un ataúd. Los tonos verdosos y violetas son también fieles al cuadro de Millais, aunque la joven ya tiene los ojos cerrados y sonríe, casi como una ninfa, quedando la mitad del cuerpo ligeramente sumergida. Es, sin duda, el cuadro que mejor reproduce el drama de Shakespeare, en el que se describe a Ofelia como una náyade que acude a su muerte cenagosa, que regresa a su elemento.

Pero si hay un artista que más veces ha acudido al mito Ofelia, sin duda es John William Waterhouse -la misma devoción que mostró por Circe- y la recoge en tres momentos, centrados en su locura en la naturaleza: en su Ophelia de 1910, la joven a parece de pie, en pleno marco boscoso, con la mirada enajenada y multitud de flores (amapolas y margaritas) en su vestido, apoyada sobre el tronco de un árbol, con el puente y el río al fondo, que preludian su muerte; su Ophelia de 1894, de suaves tonos pastel, se encuentra sentada en un tronco, más cerca de las aguas pantanosas y luce una larga cabellera rojiza que contrasta con su blanca piel, al igual que los colores de las amapolas y las margaritas; en 1889, Waterhouse mostró una Ophelia yacente, pero no flotando ni sumergida en las aguas, sino sobre el estanque vegetal, en un claro de bosque donde destaca la luminosidad de su vestido frente a la frondosidad de los árboles que la rodean; la cabellera despeinada y el cuerpo contraído anuncian su trágico final.

Tres momentos o tres posturas diferentes (de pie, sentada, yacente) que sugieren el hundimiento posterior, aunque también su mayor sintonía con el universo natural cada vez se aproxima más a la muerte.

Ofelia de John Everett Millais

En su Ofelia entre las flores (1905), el,pintor simbolista Odilón Redon nos ofrece una Ofelia seducida por la Naturaleza. Ya no estamos ante la figura yacente completa. Asistímos a una imagen apenas visible de cabeza y hombros, custodiada por las flores y el agua que la rodean. Se trata de una sinécdoque de Ofelia, reducida a la belleza de su expresión facial y a los elementos simbólicos de su muerte. Es toda ella una efigie enmarcada en una mandorla floral, bajo la sugerencia de las ondas, y el hundimiento en el abismo acuático.

Más valiente fue la actriz, mecenas y escultoraSarah Bernhardt con su Ofelia (1880), pétrea y pulcrísima. El talento de esta polifacética artista queda manifiesto en la captura de un momento femenino de alta intensidad emocional. En pleno éxtasis, una teresiana Ofelia es un busto perfecto donde el trance hacia la muerte confunde al espectador y le hace dudar de si se encuentra ante ese momento íntimo y placentero de la intimidad femenina. Una bella muerte simbólica del éxtasis sensual que se vive como una hondonada a nuestra propia profundidad interior, carnal y psíquica.

Y ya que hablamos demujeres artistas, estas, al igual que las escritoras, quisieron darle a Ofelia un estatus muy distinto al dado por sus colegas varones, que habían fetichizado la muerte de una bella joven e introduciendo lo mórbido en las aristas de la estética. Frances MacDonald, tanto en su Ofelia (1898) como en su Princesa Durmiente (1910), cortejo de mujeres casi espectrales que muestran esa vacilación entre la ingenuidad juvenil y el despertar a la sexualidad. 

Ofelia de John Everett Millais

Si el mito de Ofelia resurge en la segunda mitad del siglo XIX de la mano de los prerrafaelitas y simbolistas, a inicios del siglo XXI se transforma en un motivo recurrente para fotógrafos y videoartistas. El arquetipo es revisitado, transformado, adaptado a las distintas expresiones figurativas y a los distintos medios audiovisuales, rozando el mero esteticismo (Nadal Kander) o al puro divertimento (Barbora Balková) o mezclándose con arquetipos cercanos como ondinas, náyades y nereidas (Alix Malka) y con modelos de feminidad lejanos (Kanjo Take). 
La moda, la publicidad, los blogs, las redes sociales han dado cabida a la nueva Ofelia, como imagen de soledad, depresión, acabamiento, pero también de la intimidad y la decisión propia, la voluntad femenina. Esta Ofelia, la Ofelia del siglo XXI es a la vez universal y personalísima, proyección de las inquietudes de los artistas contemporáneos.

Asi, podemos encontrarnos con un desplazamiento significativo del contexto: la nueva Ofelia queda sumergida en el privado espacio de la bañera (Sofía Sánchez y Mauro Mongiello) o en la monótona rutina doméstica del ámbito familiar (Gregory Crewdson); puede ser una ínsula de belleza en medio de la frialdad urbanista (Tom Hunter) o una sugerencia de poder hundirnos en nuestro propio reflejo (Elena Kalis).

Resulta indiscutible que Ofelia, entre flores o entre edificios o entre azulejos, permanece más viva que nunca.

OFELIAS EN LA LITERATURA

"El tema Ofelia no, desde el estreno de Hamlet (1600), ofrecía la imagen de una mujer frágil, desesperada, pasiva ante los acontecimientos que la circundaban, lo que le provocaría el delirio y su trágico final. Y al igual que en el arte, esta imagen se fue perpetuando en la poesía, si bien los textos rezuman una belleza y una compasión por la joven que merecen ser reconocidos.

"Uno de los,poemas más hermosos pertenece a Gustavo Adolfo Bécquer, quien en su adolescencia sevillana disfrutó de la lectura de Shakespeare. Como señala José Luis Cano, la tragedia danesa era una de sus preferidas, por lo que no debe extrañarnos que escribiera la hermosa rima "Como la brisa que la sangre orea" y cuyo verso final, "cogiendo flores y cantando pasa" tanto debe al canto XXVII del Purgatorio de Dante y al estilo manierista de Luis de Góngora. Fue escrita más o menos en la misma época en que Millais expuso su Ophelia.

"La imagen ofeliana fue muy bien recibida por los románticos (Víctor Hugo), por aunar en ella misma el amor, la belleza, la locura y la muerte, el drama del sujeto romántico, y sería ampliada y recreada por simbolistas franceses (Rimbaud) y modernistas hispanos (Juan Ramón Jiménez) hasta el día de hoy. Para la literatura y la pintura finiseculares, Ofelia se ajustaba a la perfección al prototipo femenino que consideraban un ideal, la 'mujer conventual', la 'dama virginal', resquicios de 'dolce far miente'. Sobre Ofelia se proyectaba el imaginario del proteccionismo patriarcal

"No obstante, una lectura atenta descubrirá que el tratamiento del tema ofeliano difiere bastante según el género del artista. Mientras la mirada masculina suele recrearse en los mismos tópicos de cuando se gestó el mito (fragilidad, belleza en el ocaso, cosificación de la mujer y simbolización vegetativa pero en un sentido pasivo), la mirada femenina arroja nuevos des-velos: Ofelia simboliza un estadio intermedio entre Eros y Thánatos, entre espíritu y materia. Su extinción es solo un preludio, paso previo a una nueva vida, a una mágica función engendradora y a una superación trascendente, como las aguas nutricias. Su pose yacente encubre la capacidad de meditación, de introspección, de en-sí-misma-miento, como Ariadna.

"Este redescubrimiento del mito de Ofelia queda manifiesto en El libro blanco (Frágil) de Delmira Agustini, que oscila entre los polos de la fingida fragilidad y la radical autoconciencia, a través de una peculiar estética del silencio.

"Puede hablarse, entonces, de un auténtico 'discurso ofélico' en la literatura escrita por mujeres.

"Algunos estudiosos llegaron a ver más allá del tópico romántico y exploraron las aristas del arquetipo. Así, Gilbert Durand y Gaston Bachelard establecerán una dinámica de "ofelización" o "complejo de Ofelia" en la asociación entre las aguas, las lágrimas, la laguna Estigia o el océano de la noche, y al mismo tiempo expone el paralelismo entre las ondas de las aguas de la ahogada y la cabellera flotante como símbolo del fluir del tiempo.

"La reescritura y la recreación de la Nueva Ofelia, como demuestran los recientes estudios culturales sobre intertextualidad y literatura comparada, debe iniciarse desde una mirada crítica que erradique los estereotipos atribuidos al arquetipo l Ofelia debe dejar de ser el objeto victimizado de lo femenino y convertirse en un auténtico y poliédrico símbolo en el contexto de la diversidad cultural y del feminismo contemporáneo. Tenemos que apropiarnos de Ofelia con el fin de darle otra voz, otra imagen, otros significados.

"Para apropiarnos del mito Ofelia o hay que orbitar alrededor de los paradigmas estereotipados de su figura contradiciéndolos, invirtiéndolos o subvirtiéndolos, además de añadir otros nuevos. La Nueva Ofelia es convertida hoy en símbolo de la búsqueda de los orígenes, de la propia identidad, de la encarnación humana de la madre naturaleza y en heralda de la reunión de contrarios del modelo mítico Madre/Diosa Terrible, origen de la vida y destino tras la muerte.

"Incluso puede portar la demencia (trance) como único discurso posible en un mundo completamente ilógico, siendo entonces palabra ofeliana la palabra de la verdad."