
Descorre las cortinas
del engaño: la vida es un teatro sin fin.
Esta nueva colección se inspira en la iconografía y la literatura de los grandes maestros del Barroco. Poesía, música y collage se fusionan para representar en el gran escenario de la vida la tragedia del ser.
Observa: no hay ningún elemento al azar.
Horror vacui
como paradigma estético
y filosófico.

Los clásicos de La Maga Hego
Mi playlist para que te deleites con esta colección. Once composiciones de clásicos de ayer y de hoy. Pero apresúrate, el tiempo vuela. Y el placer es efímero.

El proceso, la realidad
Solo somos cáscaras de vidas anteriores, almas en eterno vagar, materia perecedera en escenarios de oro y perlas, pura y vana vanidad.

Recuérdalo: nada permanece, no vivirás para siempre, tú también morirás. Pero tu alma, polilla en luz, se transformará. Reencarnación.

Y cuando caiga el telón, cuando la Parca corte tu hilo, cuando llegue la hora final, pregúntate qué hiciste para que los que se quedan aquí aún te quieran recordar.

MEMENTO MORI
de Cristina Hernández González
La Maga Hego

A LA QUE ROSA FUE
de Cristina Hernández González
La Maga Hego
Son un bello lienzo la juventud y la frescura,
la tibieza de las carnes y el aroma de la vida en su verdor.
Rosas hoy tus labios, perfume que a tu paso
a toda mirada galante cautiva.

Pero tras el telón del tiempo fugaz,
lo que hoy es jardín en tus atuendos,
mañana serán para alimañas pobre alimento,
atrapada en la red del hilo de las parcas sin nombre.

Y en la última hora de la negra noche,
no lamentes la espina que de tu rosa quede:
llora el amor perdido, la honra deshojada,
la gloria vana de la marchita flor,
el alma que apagó su fuego y su fulgor.

La seda suave de tu ayer triste mortaja es hoy.
Cederá tu fragancia a los humores pestilentes.
Corona de raíces y huesos tu talento.
Porque a la que en vida solo rosa fue
en la muerte será pasto de olvidos, fútil sombra,
pobre inútil paso
por este breve aliento.
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EL SUEÑO DEL EMPERADOR
de Cristina Hernández González
La Maga Hego
La gloria y el poder,
los oros y esplendor que en las manos tuvieras,
los imperios y palacios que habitaras,
la hipócrita cohorte lisonjera,
¿acaso no son brillo vano, un momento, un papel,
un sueño, en el día del ocaso?

Tras el telón de los engaños,
sierpes ponzoñosas te guardan y aconsejan,
grotesca devoción tus súbditos simulan,
hojas yermas tornan tus riquezas,
rígida impostura de tu regia autoridad,
siendo la codicia y la soberbia
los pilares de tu zaíno gobernar.

El traje nunca hizo al Emperador,
siendo sus negros huesos los cimientos
de ese otro siniestro imperio
regido por la Oscura Señora.
Ceniza y suciedad serán tus brillos, tus oros, tus cetros,
mudo desdén de a quienes reclamaste amor y obediencia,
tronco truncado en féretro funesto:
olvido naufragado en el Estigia.

Ama presto tus oros, tu trono, tu vil imperio,
antes de que llegue el hado designado
a tomarlos para embellecer los cementerios.
Pues debajo del limo y de los muertos,
pobre loco Emperador,
solo quedarán tu máscara, la cáscara, el traje,
pues solo fuiste un actor, un papel, un raquítico actuar
en este lacrimoso y trivial
teatro de la vida.

PEREGRINA QUE AMA, NO MORIRÁ JAMÁS
de Cristina Hernández González
La Maga Hego
Peregrina, tú que tanto amaste en el camino,
buscando a tu amado
entre los signos estelares,
por palacios de cristales y magnas catedrales,
amando cada vidrio y cada piedra,
las letras manuscritas en la roca añeja,
los trazos rubricados en el tiempo,
Peregrina, no temas:
jamás morirás.

Peregrina, tú que tanto amaste
los pretéritos oráculos de libros sapienciales,
buscando en sus renglones
el semblante de tu amado,
bajo el gélido aguacero de sus vendavales,
vestida de la nieve en solitario,
rezando por su alma insomne,
ahora que viene el invierno a visitarte,
Peregrina, no temas:
jamás morirás.

Peregrina, tú que tanto amaste
a otras almas afines y errantes
en encrucijadas y senderos,
con el vetusto peso de otras vidas
en tus hombros, al encuentro
con tu amado espinoso, erosionado;
Peregrina, porque amaste tanto,
no temas las fauces de la Muerte,
ni el Olvido de las gentes
a quienes diste tu amor
y tu sabiduría entregaste.
Peregrina, no temas a la Muerte,
pues jamás morirás.

Peregrina, no temas.
Que amaste, Peregrina, amaste.
Libros, bosques, palacios, catedrales,
piedras, cristales, labios, estrellas.
No temas, Peregrina.
Que amaste peregrinando por tierras extranjeras,
por rocosos desiertos y senderos de fría arena.
Buscando, Peregrina, el amor,
amando, Peregrina, el amor,
caminando, Peregrina, el amor,
llamando, Peregrina, el amor,
el amor, Peregrina, el amor.
Peregrina, no temas.
Jamás morirás.
Que habiendo amado tanto,
Peregrina,
cruzarás el umbral a la vida nueva,
y no, nunca, jamás morirás,
pues dejas toda tu luz en esta vida añeja que dejas.

Sic transit gloria mundi