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en la Sala del Juicio.
Adéntrate a mi comprensión y recreación del Antiguo Egipto a través de mi poesía, mis ensayos, mis viajes y, por supuesto, mis collages.
El Juicio
es un collage homenaje a la diosa Maat, la Sabiduría ética, que es fuente y destino del Juicio de las Almas en el reino de Osiris.
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El viaje al Más Allá
"La mayoría de los textos funerarios en Egipto ofrecen fórmulas o guías para el Más Allá (Duat o Dwat) ante los peligros y los obstáculos que pudiera encontrar el difunto. A la muerte del individuo, se procedía a realizar una serie de ceremonias como la Apertura de la Boca y la momificación, que la propia Isis había practicado a su amado esposo Osiris para restaurar su cuerpo [un relato similar al de otras diosas que sufren una katabasis o descenso al inframundo, con variantes significativas], fórmulas mágicas que demuestran la importancia del poder de la palabra para los egipcios. La Dwat no es el el otro mundo en sentido estricto, pues más se asemeja a una región intermedia entre el mundo terrenal y el espiritual.
"No cabe duda de que el Libro de los Muertos constituye la guía por excelencia, ya que nos advierte de la posibilidad de una segunda muerte, pero sobre todo por advertirnos de la importancia de conservar la memoria (el recuerdo del nombre propio), un hecho que, como señala Mircea Eliade, se encuentra igualmente en Grecia y en la India. Ya en los Textos de las Pirámides aparece una figura guardián de las puertas este y oeste del inframundo; mediante dos leones yuxtapuestos se simboliza el Ayer (Sef) y el Mañana (Duau), el amanecer y el anochecer, la vida y la muerte, el sí y el no, la conjunción de los contrarios, y lleva la barca de Ra. Este guardián se encarga de abrir las puertas de la tierra para que el difunto pueda entrar en el Más Allá.

Pesando el alma
"La Duat presenta una geografía complicada y se centraba en el viaje nocturno del Sol, al que se asimilaba el difunto en su propio viaje tras morir. En el conjuro 251 de los Textos de las Pirámides, la Duat aparece como un mundo celeste, un cielo inferior, situado entre el reino de Ra y la tierra; sin embargo, en el Imperio Nuevo se impone la concepción de inframundo, un espacio subterráneo. Asimismo, si en algo destacan estos textos en relación con la cartografía del Más Allá, al igual que en El Libro de los Muertos, era por la Sala del Juicio de Osiris o Sala de las Dos Verdades o Sala del Pesaje. El dios Osiris presidía el tribunal en el que se producía la psicostasia, que consistía en pesar el corazón del difunto para determinar si merecía una vida inmortal. El corazón del difunto se colocaba en una balanza, siendo el contrapeso la propia Maat.
"Diversas son las divinidades que intervenían en la psicostasia: Horus era el encargado de llevar el difunto ante Osiris; a Anubis, que también cumple esta función de psicopompo -al igual que Hermes-, se le encomendaba vigilar el buen funcionamiento de la balanza; Toth, padre de la escritura, en calidad de escriba de la Eneada, registraba por escrito el resultado del veredicto. Si el difunto no era declarado como un alma pura, como "justa voz", su corazón era devorado por la diosa híbrida Ammyt, la "Devoradora de los Muertos", de tal modo que el fallecido perdería para siempre su posibilidad de inmortalidad.

"En la sala se encuentran además los Cuatro Hijos de Horus, representantes de los cuatro vientos y de los cuatro puntos cardinales; sobre una flor de loto, vigilan los órganos del fallecido. Netos, junto a Isis, por su implicación en la resurrección de Osiris; Shai y su consorte Mesjenet, como divinidades del destino, daban cuenta de los actos cometidos. Si el resultado era favorable, el fallecido accedía a los Campos de Cañas o Campos de las Juncias, presentados como un terreno fértil y próspero que podía trabajar no el individuo mismo, sino los ushebtis, figurillas o réplicas que realizarían esas labores en su lugar. Por el contrario, quien no superaba el juicio estaba destinado a toda clase de castigos, como el ser despojado de su nombre -el olvido es el más fatal de los castigos- hasta la completa exterminación."
Cristina Hernández González.
La Muerte Fértil. Mitos, símbolos y arquetipos de una paradoja recuperada. Córdoba: Bibliofilia Montillana. 2010. pp.328-332.

ELEGÍAS DEL NILO
De Isis a Osiris
Si pudiera con mis manos yermas
brotar juncos en tus ojos,
no habría destrucción para nombrarte.
Oh, amor:
cada vez que te invoco,
recibo de los dioses
dolor de hueso y piel, por todas partes.
Oh, amor:
solo tú sabes
provocar el rubor de la tierra,
comprender el misterio del veneno
y de la miel,
como aquel que acaricia
por vez primera el grano maduro.
Si es tu cuerpo limo abandonado,
de primordiales surcos o heridas en cosecha,
ignota travesía será para esta pobre hechicera.
¡Cofre de amor,
árbol en cinta!:
es tu féretro el fértil mundo,
confinado en lontananza.
En tanto,
esta alada vagabunda,
sin comitiva, sin plañideras,
errante siembra templos
por devolver{te/me/nos} a la vida.
Escucha el poema. Te acompaño con mi voz